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alteraciones del psicosoma

Apuntes para reinventar lo ficcionado (o interpretar lo ficcionable)

mes

mayo 2013

Inquietud fáustica

Fausto

Pienso en los libros dedicados a Fausto, a la figura “fáustica”, al elemento que, al referirse a la transgresión del espíritu y de la esencia para beneficiar al sentido corpóreo, tiene como único y gran ejemplo al Fausto.

Para mí, Fausto es otro Hacedor de Estrellas, es el ente que se deja invadir por la visión y la alquimia de Mefistófeles para perder toda significación humana y convertirse en un elemento más de la gran Sustancia, pese a que sus deseos e instintos humanos lo hayan movido a aceptar un tipo de “reconfiguración” que a primera vista es débil, convencional y mundana, pero cuyo peso metafísico es bastante fuerte en tanto que se alude al proceso de manipulación de tiempo, esencia física y esencia espiritual.

Pienso en Fausto y me pregunto si yo misma aceptaría firmar un contrato semejante; incluso me aventuro a imaginar si yo misma redactaría las cláusulas y dispondría los ingredientes de la fórmula para iniciar la Transgresión Alquímica de leyes naturales, espirituales y corpóreas.

Pero, ¿qué le pediría al sagrado Mefistófeles para disuadirlo de canalizar su poder inhumano en mi espíritu inquieto? Por ahora, lo que se me ocurre, es lo siguiente:

Que me dotara de los medios económicos necesarios para viajar y vivir en distintas capitales del mundo y permitiera que mis campos cognoscitivos fueran susceptibles y capaces de aprender las lenguas, los misterios semánticos y sintácticos de cada idioma que yo sintiera cercano a lo que debo expresar, ya sea por su complejidad gramatical o sonora. Por supuesto, utilizaría este conocimiento para leer y comprender de manera más cercana, más fidedigna, lo que tantos escritores perciben en su idioma original, y, me arriesgaría a experimentar lo que mi propia escritura querría decir al gestarse utilizando los secretos revelados de cada lengua, de cada idioma, en conjunción con aquello que habita en las Esferas de mi cerebro y de los ecos o umbrales que yo llamo las Grietas Blancas, y que percibo insertas por todas partes de la vida terrestre, inserta, a su vez, en la otra vida terrestre, la vida de todos los días, para la que suelen ser invisibles.

Sí, la polifonía lingüística es una de mis más grandes fascinaciones, pero, ¿será un reto suficiente para que Mefistófeles aceptara la complicadísima faena no sólo de llevar, sino de parlamentar con los disturbios y las tremendas euforias de mi alma a cambio?

Recodificaciones sonoras y escritura

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Una voz hace eco en otro sitio

después de saltar astillas

de un cristal que se rompe

y esa voz flota sobre la multitud,

 una multitud ciega…

Santa Sabina

(“Tuve un sueño” en Babel)

 Hace un año más o menos, me animé a formar parte del taller  La voz generadora de atmósferas: Laboratorio de técnicas vocales extendidas, impartido por Bárbara Lazara. Sé muy bien que zapatero a tu zapato y que una escritora pierde menos cuando más se concentra en su asunto primordial, y en todo caso debería contentarse con escuchar, observar y deleitarse. Sin embargo, la decisión de realizar este experimento llegó junto con una inquietud aunada al autocuestionamiento que rondaba cierto segmento teórico de mi cerebro en torno a la manera en que intervienen, durante mi proceso creativo, el free jazz y la experimentación sonora: los cortes de líneas y párrafos que hago constantemente en mis textos, “dictados” por esa necesidad de seguir cierto ritmo (ajeno, quizás, a la ortodoxia narrativa, y que de hecho se relaciona más con la escritura poética) pero que es inherente a la prosodia de las voces que uno percibe mientras escribe… ¿De qué manera la constante escucha de ciertas construcciones musicales provoca o desemboca en la apropiación de dichas estructuras para recodificarlas en el lenguaje escrito? ¿Sería acaso que una parte de mi organismo necesitaba expresar, de alguna otra forma, la euforia o los distintos matices anímicos y kinéticos que este tipo de música produce en mí y que, de alguna manera se traslada a mi escritura?

Sólo podía saberlo indagando prácticamente, y lo que aprendí ahí, rebasó por mucho la cuestión que me movió a acercarme a Bárbara, una joven de gran capacidad para hacer circular energías y transformarlas en fuertes atmósferas sonoras  –mismas que, en efecto, son reflejo del organismo que las genera– en este caso específico, ya sea a través de la voz, la escritura, o la partitura; estos últimos, medios que se hermanan en el uso de códigos determinados que representan un lenguaje de origen abstracto pero de comunicación concreta y particular en tanto que es inherente a un proceso creativo.

Las imágenes y los textos que transcribo fueron hechos durante algunas sesiones, como parte del proceso del descubrimiento de la identidad de la propia voz, y, finalmente, como punto de unión entre mi escritura y el juego de plasticidad vocal que interviene en ella.

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*  *  *

¿Y la voz? ¿De dónde viene la voz, de dónde cobra fuerza para definirse como un ser independiente, un ser con identida

d propia dentro de la identidad a la que pertenece? Ssssrrrrrrrmmmp<p<p<bbb…….nnnnnoo=oo=

Si mi identidad es algo que cobra forma cada día y va mutando constantemente, mi voz, entonces, es un ente que se define gracias a un elemento que la hace particular y única: su sonoridad.

Sin embargo, esta sonoridad responde, de nuevo, a la identidad, o mejor dicho, a la necesidad de expresión de la identidad que la constituye como un ser integral.

Mi voz tiene una historia que deriva de las distintas necesidades que me dividen en un ser social y en un ser creativo.

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Como ser social, mi voz ha aprendido a interactuar con las voces de los otros en el discurso comunicativo (yo soy un ser humano que escribe); como ser creativo, mi voz toma forma en el lenguaje escrito y después se traduce a la oralidad (¿no? ¡Pero cómo se te ocurre! Bueno, lo cierto es que la tierra también juega y es capaz de transformarse en color, en animal, en partícula mineral o aérea, en todo aquello que mi imaginación desee expresar en un lenguaje bruto, incodificado).

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La atmósfera se crea poco a poco, abreva de los círculos del aire, de las esferas espumosas de la luz que no cede a la materia de la máquina que trata de imponerse. No. La máquina es sólo un medio, pero no puede, por más que lo intente, ser parte de la voz.

Voz que trata de enhebrar el silicio escamoso del aire a través de las vértebras del canto.

El cuerpo se prepara para recibir la ráfaga de luz que entra con el aire negro. Aire condensado de posibilidades, de rastros de polvo, de huellas dactilares de cientos de seres que transmutan a cada instante, segundo a segundo para quitarse una cáscara y otra cáscara y otra cáscara de esencia y alquimia y todo tipo de misterio matérico que en realidad sólo es uno desdoblado en miles de nombres.

¿En qué se convierte la voz cuando atraviesa la estructura ósea/orgánica/acuosa del hombre, cuando toma la capa gástrica del centro corpóreo y se impulsa con ella de vuelta al espacio aéreo? ¿Cómo sobrevive la voz al absorber tanta gama molecular sin perder la tersura etérea de su naturaleza?

La voz humana es la única voz animal capaz de imitar cualquier sonido natural o artificial… pero, ¿qué pasa con los sonidos que crea a partir de un impulso, una necesidad psíquica o fisiológica, una energía que genera el cuerpo para fusionarse con otra energía cósmica o terrestre?

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