yo

Hace poco leía una nota de Heriberto Yépez [ “La vida después del Buda Punk” ]  (vía Rafael Villegas en el fb) sobre la sobrevaloración de la imagen del escritor más que de la propia obra, y me quedé pensando si acaso quien vea la que decidimos incluir en esta entrevista pensará lo mismo. Eso sería una lástima, porque la intención de esta foto y de la mayoría con la que me gusta identificarme, sí tiene un significado que va más allá de la obviedad: para mí, hacer visible sólo una parte del rostro habla de decir y no decir; revelar y no revelar; mirar y no mirar para que aquello que no es evidente sea lo que se construye en el imaginario de cada uno cuando lee.

La entrevista estuvo a cargo de Dante Vázquez y se publicó hace unos días en la Revista Vozed. Comparto un fragmento de la primera respuesta:

Yo creo que el verdadero aspecto que hace diferente al ser humano de las otras especies animales es la capacidad de imaginar, y considero que quien no lo hace, mutila una parte natural de sí mismo, mutila la necesidad de explorarse para construir y para destruir, y sin esa constante valoración de uno mismo como un organismo del que hay que eliminar las partes podridas y regenerar las que aún pueden florecer, es más difícil conocerse y saber qué parte de uno funciona en el entorno del que forma parte como comunidad. Quien imagina tiene la posibilidad de transformar –a través de la literatura o cualquier otra manifestación creativa- la realidad desde las situaciones más inmediatas, hasta las más complicadas del mecanismo social. Por ello es que el hombre que imagina es el más peligroso para las estructuras autoritarias, y por ello es que escribir literatura de la imaginación es una forma de resistencia, de sublevación: hay una especie de rebeldía en crear historias y personajes que parecen no tener sentido, que toman determinados aspectos de la realidad y la voltean, la trastocan para mostrar ese otro lado que no cualquiera se atreve a vislumbrar. La otredad es, para mí, el secreto, el arma más fuerte de la literatura de la imaginación, porque en la otredad cabe desde el guiño más discreto hasta la maquinaria más extraña e inverosímil de lo que late en el ser humano, porque finalmente el miedo, el horror, la deformación de ciertos rasgos a partir de los cuales se configura el yo/monstruo e incluso toda una comunidad de universos alternos, son parte de la capacidad expansiva del ente escritural. Diría, entonces, que para mí, la literatura de la imaginación es una constelación en la que cada escritor construye su propia galaxia, una galaxia que configura luces y sombras a través de las cuales se descubre a sí mismo y ofrece una posibilidad de ser otro.

Y aquí pueden leerla completa: Iliana Vargas: Quien imagina tiene la posibilidad de transformar la realidad